"La curva es la distancia más agradable entre dos puntos"
Mario Quintana.(aforismo salvavidas)
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“Eres un hombre primitivo en la sabana. Por el rabillo del ojo, ves que algo se mueve. Asumes que es una hiena. Si corres, vives. Si asumes que es el viento, y te equivocas, mueres. Tenemos los genes de los que corrieron. Estamos programados genéticamente para creer en fuerzas que no podemos ver”.
Gill Grissom (CSI Las Vegas, “Go to Hell”, 8ª temporada)
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"No dejes nunca que nadie te diga lo contrario. La vida comienza a partir de los 65"
Charles Bukowski
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Me cuenta Blanca que su cuñado siempre crea teorías absurdas. Como por ejemplo que los silencios incómodos siempre se dan entre y veinte y menos veinte.
Blanca
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"de la importancia de los valores frente a los poderes, de cómo la integridad es lo único importante en tiempos de auge ultracapitalista y de, finalmente, la convivencia como única herramienta para mejorar la sociedad "
Anónimo
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"«El mundo se rige por el azar de un parchís, no por las mecánicas leyes del ajedrez.»
Harold acaba su última caja de cereales, deja conectada su primitiva videoconsola y decide recorrer Norteamérica durante un lustro. Un tipo que maneja las grúas del puerto de Nueva York diseña una casa para suicidas. En Basora, un marine se enamora de una irakí en el instante en que la encañona.Un tal Julio da forma a una Rayuela alternativa. Sandra vuela de Londres a Palma de Mallorca al tiempo que se resuelve el misterio del incendio de la Torre Windsor. El capitán Willard sigue esperando en Saigón aquella misión: nunca imaginó lo especial que sería. Hay gente que utiliza los oleoductos vacíos subterráneos de la antigua Unión Soviética para cruzar las fronteras. Un cocinero proyecta cocinar el horizonte."
Agustín Fernandez Mallo
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"INESTABILIDAD.
Nos encontrábamos ya cerca de mi casa, cuando el taxista fue avisado por un colega de que había en nuestro camino un control de alcoholemia. Como resultara imposible dar la vuelta o escapar por una calle lateral, el conductor me confesó que llevaba dos copas, pues había comido con unos amigos de la infancia a los que hacía años que no veía. ¿Y qué quiere que le haga?, pregunté. Que se ponga al volante, respondió, como si usted fuera el taxista y yo el pasajero. Me pareció una propuesta absurda a la que respondí con una sonrisa de desconcierto. Mientras sonreía, vi en sus ojos, a través del espejo retrovisor, un movimiento de pánico que produjo también en mí alguna inquietud. En cuestión de segundos me puso al corriente de su situación, responsabilizándome del drama familiar que se le vendría encima si le retiraban la licencia. Aunque intenté defenderme, lo cierto es que al cabo de un momento, dada mi debilidad de carácter, estaba al volante del taxi, con el conductor detrás.
Alcanzado el control, un guardia hizo señas de que nos echáramos a un lado. Luego se acercó, me informó acerca de sus propósitos y me pidió que soplara, lo que hice con miedo, pues aunque no había bebido creo que el organismo puede, en situaciones de estrés, producir todas las sustancias existentes. Por fortuna, estaba limpio y me dejaron seguir. Como no era cuestión de detenerse a unos metros del control para realizar el cambio, y dado que mi domicilio se encontraba muy cerca, continué conduciendo hasta el portal, donde el taxista, tras mirar el contador, sacó un billete, me lo dio, abrió la puerta, salió del coche y se metió en mi casa, todo con una rapidez tal que no fui capaz de reaccionar. Además, apareció enseguida otro cliente que me pidió que lo llevara a toda mecha al aeropuerto.
Qué inestable es la realidad, pensé arrancando."
Diego Cruz Serrano
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BARES DE LA VIDA
"Pero bueno,ahí estamos los cuatro moviéndo la cabeza al ritmo de lo que ponga el camarero que esté más cerca del CD, nos parece estar a punto de entender qué pasa con todo y las cosas hacen “clac”, que es el ruido que hace una baldosa al caer en su sitio, no porque estuviera diseñada para estar en ese sitio concreto sino porque hay sitio de sobra y la ley de la gravedad no tiene manías."
By Astrud
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HACE TIEMPO QUE VENGO AL TALLER Y NO SÉ A LO QUE VENGO
Soldadito español:
Respecto a lo de esta noche: si me dices que quedamos en tu casa y me das las señas y en un papel dibujas lo que parece un corazón y luego unas estrellas a su alrededor y dentro del corazón escribes una fecha y una hora, siendo esa fecha y esa hora el instante exacto en el que se supone que yo, joven nacional de transparentes intenciones, voy a aparecer en el umbral de tu puerta hecho un San Luis, y me das ese papel con una sonrisita; si haces todo eso, Beatriz, lo último que se me pasa por la cabeza es que voy a permanecer ahí, en el umbral tuyo, el de tu casa, ese umbral que para mí, viéndome tan próximo a la meta, va a ser como el umbral de tu coño; quieto, sin avanzar, y que no sólo no voy a cruzarlo sino que además voy a tener que deshacer mis pasos para deambular como un espectro con tu sombra durante casi dos horas por unas calles eternas, larguísimas, imposibles en fin, en una huida del Paraíso durante la cual vas a proceder a relatar qué es lo que más te gusta de tu trabajo y cuáles son las ciudades que más ganas tienes de visitar antes de cumplir los cuarenta. ¿Era éste tu plan cuando me dibujaste aquello? No es posible. El nuestro ha sido un encuentro hecatómbico, cataclísmico, de vuelta y vuelta. No me has hecho nada feliz cuando has revelado tus intenciones de “disfrutar de una rica pizza en el italiano ese que es tan bueno”, como si te refirieses a una persona y no a un lugar. Me has desarmado, te odio. Una mujer tan leída como tú, que te he visto con unos libros tremendos en los descansos, tan contenta, tan lista, con esas gafas gordas azules y esas carnes de pensadora, que si te has puesto como te has puesto ha sido a base de pensar duro. Estás gorda de pensar. “Convendrás conmigo“ —como tanto te gusta decir— en que he hablado poco durante la cena; quiero que sepas que ha sido porque estaba sumido en un abismo de tristeza por culpa tuya y de las servilletas de papel de tu restorán favourite. A pesar de todas las veces que asentía con calma dando a entender que aceptaba tu discurso enloquecido, yo lo veía todo rojo. Cuando le has soplado al camarero que “frutti di mare“, no sé, escúchame, léeme, podría haberte matado con ese cuchillo para niños arrebatados, ese cuchillito inofensivo, no nato, jamás afilado, te lo habría clavado lento y bien hondo, todo lo que pudiera, te habría atravesado con él aunque hubiera estado hecho de plastilina. Qué te parece. Quiero acabarte sin haberte empezado, pero así es el amor, estaremos de acuerdo. Espero que comprendas el sentido que ocultan mis palabras, Beatriz, yo te quiero, no tengo miedo de reconocerlo, mañana nos volveremos a ver en el trabajo y lo único que deseo es que nos comportemos como adultos. Somos adultos, Beatriz. Cuando nos hemos sentado en los escalones de la plaza de San Juan de la Cruz he estado a punto de decírtelo: “Beatriz, somos adultos, por favor“, no sé, “vayamos a follar a los setos del Museo de Ciencias Naturales, somos adultos, lograremos llevarlo a cabo“, pero justo ha coincidido con la aparición de los patinadores. Eran malvados, llevaban coderas de colores. Y bajando ellos de Nuevos Ministerios nos han atravesado fortísimo por todas partes, tú y yo quietos como lagartos. Uno incluso ha saltado el tramo de escalones de una tacada pasando entre nosotros, subrayando todo lo que cabe en nuestros vacíos, Beatriz, tuyos y míos, ya no sé qué pensar. Estamos a un patinador de distancia, Beatriz, digo yo que será para bien. Me gustaría explicarte a cuento de qué te mando esto, pero no lo tengo claro. Creo que lo esencial, lo más apropiado que puedo decirte en mi situación, viendo la herida que has abierto en mí, es que todo lo que nos queda es movimiento irregular y continuo, sin dirección y sin objeto. Que ya sé dónde vives y que también sé que hay muchos peces en la pecera. Que a mí me da igual, pero que si a ti te hace pues podemos repetir, porque ahora ya me conocerás mejor y sabrás que conmigo no te iría nada mal, Beatriz.
Te iría muy bien.
— by Jorge de Cascante"

